sábado, 17 de mayo de 2008

TRES INSULAE Y UNA LETRINA ROMANAS

Una visita a Pompeya puede hacernos pensar que el romano de a pie habitaba generalmente en la típica vivienda pompeyana- algunas de dos pisos- con su atrio, jardín y demás. De ahí la necesaria visita a Ostia que nos puede dar una información compensada de este tema, pues aquí proliferan las insulae.


Como sucede en la mayor parte de las grandes capitales europeas, como Roma y Atenas, los vestigios menos imponentes y frágiles han quedado sepultados bajo las constantes remodelaciones arquitectónicas y urbanísticas de épocas posteriores

Pero no nos engañemos: el romano de la Roma del siglo I, de un millón de habitantes, formaba parte de esos ochocientos mil que se calcula vivían hacinados en los cenacula o aposentos de los edificios llamados insulae, casi siempre cerrados y a oscuras sin agua corriente, desde cuyas ventanas, cuando las había, sin cristales, se lanzaban los excrementos que su escasa alimentación les proporcionaba. Y en los que el frío, pues no había sistemas de calefacción, sólo podía combatirse con los hornillos (para cocinar) y braseros, que ocasionaban frecuentes episodios de incendios
Por otra parte, el lucro de los especuladores hacía que se escatimaran en los materiales de la construcción de las viviendas, con muros de cuarenta y cinco centímetros sustentados sobre superficies de unos trescientos metros cuadrados que las hacía muy inestables – lo ideal hubiera sido quizá una superficie de unos ochocientos metros cuadrados- y se elevaban a alturas de hasta seis pisos con un materiales en el que la madera y un exceso arcilla competía con ventaja con el ladrillo y propiciaban fuego y hundimientos


Afortunadamente nos queda la insula del ara Coeli que emerge desde lo que debió ser el antiguo suelo de Roma que queda unos metros por debajo de la calle actual, junto a la escalinata de la Iglesia de Coeli y el Monumento a Víctor Manuel II cerca de la Plaza de Venecia, aunque imperceptible si no es por el campanario que aún permanece de la Iglesia románica de San Biagio que se sirvió de sus fundamentos. Nos encontramos ante unos de los escasos restos de esos miles de bloques de apartamentos que pulularon por esta populosa ciudad que Cicerón definía como ciudad construida en el aire

En la planta del edificio de la insula se ven las tabernae del siglo II en ladrillo, y el dueño viviría en el primer piso

Se observan tres pisos completos y un cuarto que no debió ser el último con una escalera interior medieval

Se supone que en esta insula llegaron a vivir unas cuatrocientas personas. Los que vivían en la parte superior debían subirse a pie sus interminables escalones pues no disponían de ascensor. Juvenal nos dice de otra insula que él se arrastraba por doscientos peldaños antes de llegar a su buhardilla.


Menos importantes son los restos de la insula de San Paolo alla Regola descubierta durante la restauración de 1982 de unos edificios que se encontraban entre la via del conservatorio y la iglesia de Trinitá dei Pellegrini. Formada por cuatro pisos dos de ellos bajo el nivel del suelo reutilizados en época medieval. Está fechada en la época de Domiciano y Severo.


El complejo puede ser visitado bajo el suelo del Palacio del siglo XV degli Specchi, ocupado por una bliblioteca municipal

Y una tercera insula construida en ladrillo del siglo III se descubrió en las excavaciones de 1982 - 87 en San Lorenzo in Lucina de la epoca de CaracallA

Loa inquilinos de alguna insula próxima a la nueva vía Garibaldi al menos pudieron disponer en caso de apuro de un asiento en unas letrinas, del siglo II o III d.C., halladas enfrente de San Pedro en Montorio, contemplar su bellos frescos y tomarse su tiempo para transmitirnos su filosofía de la vida cotidiana en su grafito:


Pos tantas epulas et

suava / vina / ut cunnum lingas, / quo cula, quo venter.