sábado, 23 de febrero de 2008

UN PASEO POR EL CIRCUS MAXIMUS

A lo largo de diferentes artículos podréis ir descubriendo aquellos lugares que visitaremos durante nuestro periplo por Italia.

En esta ocasión acudiremos al CIRCUS MAXIMUS, "la pista [de carreras] máxima” en Roma para poder conocer mejor su función, sus características e importancia.

Situado entre el Aventino y el Palatino, en la Via dei Cerchi y la Via del Circo Massimo, encontramos uno de los edificios más emblemáticos del mundo romano, en el que se celebraban los LUDI ROMANI en honor a Iuppiter Optimus Maximus, desde el 4 al 19 de septiembre.

El CIRCO MÁXIMO consistía en un edificio con una pista para realizar carreras de carros y de caballos, en la que cuatro equipos (factiones) diferenciados por colores (los blancos, los verdes, los azules y los rojos) animaban a los conductores (aurigae) para poder recuperar, con grandes apuestas de dinero, los gastos acaecidos del entrenamiento de sus conductores y del mantenimiento de los caballos y carros.


Los conductores podían conducir bigae o quadrigae, según ganaban experiencia en la pista. Ataviados
con un casco, de metal o de cuero, una vara para espolear a los caballos, un puñal para cortar las riendas que ceñían su cintura, unas bandas en las piernas y con una túnica corta del color del equipo por el que competía, salían al circuito para ganar fama, dinero y la libertad, ya que la mayoría de ellos eran esclavos.

Muchos eran los que no veían cumplidos sus deseos, pues perdían la vida en la carrera.

Hasta finales del s. I d.c podían reunirse en el circo alrededor de 250.000 espectadores, pues sus dimensiones lo colocaban entre los mayores edificios públicos destinados al ocio.

Con forma rectangular y uno de sus extremos en forma de arco, este circuito presentaba una pista de 540 m de longitud y 80 m de anchura. Las gradas (caveae) que rodeaban su perímetro se levantaban 28 m del suelo, con una anchura de 30 m, unas construidas de hormigón y piedra, otras, las de la parte alta, de madera.

En la pista central había un muro (spina) alrededor del cual debían dar los carros siete vueltas, que se contabilizaban bajando siete huevos de madera o siete delfines de piedra al pasar por las dos metae que había a cada uno de los lados de la spina. Decorada también con obeliscos y estatuas de dioses.

Los carros se colocaban en unas verjas de salida (carceres) hasta que la llegada de un pañuelo blanco al suelo indicaba el comienzo de la carrera.

Las últimas carreras de carros que se pudieron contemplar fue el 549 d.c. Con el tiempo acabó siendo poblado por fábricas de gasómetro. Actualmente sólo se conserva la pista de carreras y la spina central.

El obelisco Flaminio traído por Augusto desde Heliópolis (Egipto) lo podréis ver en la Piazza del Popolo. Otro de los obeliscos que decoraban el centro de la spina se alza en la actualidad en la Piazza S. Giovanni in Luterano.

En Roma se conservan hoy en día más circos, el Circo Flaminio, en el que se celebraban los Juegos Plebeyos (Ludi Plebeii, entre el 4 y el 17 de noviembre), y el Circo de Majencio, a las afueras, junto a la Via Apia Antica.

Pese a que la historia no nos ha permitido contemplar cómo sería el Circo Máximo del que disfrutaban los antiguos romanos, al pisar la hierba que cubre en la actualidad la pista podemos sentir la grandeza de este edificio.

Curate ut valeatis!